Jesús María Bianco: rector que hizo de la autonomía una causa de vida
Por Virgilio Ávila Vivas
Como muchos que lo antecedieron, Jesús María Bianco llegó a ocupar el más alto cargo al que puede aspirar un profesor universitario. Pero como pocos, dejó una huella imborrable en quienes tuvieron la fortuna de conocerlo. Una huella afectiva, por su don de gente. Y una huella ética por su compromiso con la defensa de la autonomía universitaria. No en balde la historia lo recuerda como el “Rector Magnífico”.
Conocí al doctor Bianco siendo estudiante de segundo año de Derecho en la Universidad Central de Venezuela. El encuentro se produjo gracias a un gran periodista de origen cubano, Rubén Abreu Montes de Oca, un hombre extraordinariamente solidario que colaboraba estrechamente con el Rectorado y siempre estaba dispuesto a tender una mano a quienes acudían a él. Fue él quien me llevó por primera vez al despacho del rector.
Recuerdo aquella primera visita con absoluta claridad. Jesús María Bianco nos recibió con una amplia sonrisa, una expresión que nunca perdió y que reflejaba la sencillez de un hombre que, pese a la enorme responsabilidad que recaía sobre sus hombros, conservaba un trato cordial y cercano con los estudiantes. Esa primera impresión quedó grabada para siempre en mi memoria.
En una de aquellas conversaciones descubrimos un vínculo inesperado. Al saber que yo era margariteño, me comentó que se había graduado de farmacéutico junto a un primo hermano mío, el doctor Trino Ávila Guevara. Poco tiempo después tuve ocasión de comprobarlo personalmente cuando coincidimos en la Farmacia Victoria, propiedad de mi primo. Aquella coincidencia fortaleció la amistad que comenzaba a surgir entre el rector y este joven estudiante de Derecho.
Jesús María Bianco no era únicamente un brillante académico. Era un hombre profundamente humano. Siempre estaba interesado en escuchar a los estudiantes, mantenía abiertas las puertas del Rectorado para ellos. Esa cercanía fue una de las razones por las cuales despertó tanto respeto dentro de la comunidad universitaria.
Conservo entre mis recuerdos un almuerzo que compartimos en un conocido restaurante chino de Bello Monte. Aquel establecimiento era punto de encuentro de dirigentes políticos, profesores e intelectuales de la época. Escuchar al doctor Bianco conversar sobre la universidad, sobre Venezuela y sobre la responsabilidad del servicio público fue para mí una verdadera lección de ciudadanía. Desde entonces fortalecí mi admiración por quienes dedican su vida al bien común.
Tuve además el inmenso honor de que fuera precisamente el doctor Bianco quien me entregara el título de abogado en el Aula Magna de la Ciudad Universitaria, en el acto de graduación de 1966. Recibir aquel diploma de manos suyas, en ese recinto extraordinario concebido para el conocimiento, la ciencia y la cultura, constituye uno de los recuerdos más significativos de mi vida profesional.
A Jesús María Bianco le correspondió dirigir la Universidad Central de Venezuela durante una de las etapas más complejas de su historia. Eran los años de la violencia política y de la insurgencia armada. Quienes estudiábamos en la universidad fuimos testigos de un ambiente profundamente difícil. No era extraño encontrar personas armadas dentro del campus, aprovechando la autonomía universitaria como refugio en medio del conflicto que vivía el país.
Aquellas circunstancias pusieron al rector frente a decisiones extraordinariamente difíciles. Defender la autonomía universitaria sin renunciar al compromiso con la democracia exigía firmeza, serenidad y un profundo sentido institucional. Bianco asumió ese reto con dignidad y convicción, convirtiéndose en uno de los grandes defensores de uno de los principios fundamentales de la educación superior venezolana.
Su legado trasciende los edificios, las leyes o los discursos. Permanece vivo en la idea de que la universidad debe ser un espacio para el pensamiento libre, el debate respetuoso y la formación de ciudadanos comprometidos con el país. Esa convicción explica por qué su nombre sigue ocupando un lugar de honor en la historia de la Universidad Central de Venezuela.
Cuando evoco al doctor Jesús María Bianco no recuerdo solamente al Rector Magnífico. Recuerdo al hombre afable que siempre recibía a los estudiantes con una sonrisa; al profesor que entendía la universidad como una comunidad de maestros y discípulos; al ciudadano que hizo de la defensa de la autonomía una causa permanente; y al venezolano ejemplar que dedicó su vida al fortalecimiento de nuestras instituciones.
Han transcurrido muchas décadas desde aquellos años universitarios, pero la imagen de Jesús María Bianco permanece intacta en mi memoria. Fue uno de los grandes protagonistas de la Venezuela democrática y uno de los hombres que contribuyó decisivamente a consolidar una universidad libre, plural y comprometida con el conocimiento. Haberlo conocido y tratado personalmente constituye para mí un motivo de profundo orgullo y un recuerdo que el tiempo no ha podido borrar.
Artículo de Virgilio Ávila Vivas publicado originalmente en El Nacional el 27 de septiembre de 2026. elnacional.com


